Un informe de la Fundación Mediterránea señala que la postergación en la venta de soja durante el primer semestre podría convertirse en un factor positivo para la economía en la segunda mitad del año, al incrementar el ingreso de divisas y facilitar la acumulación de reservas por parte del Banco Central.

Los principales puntos son los siguientes:

·         La comercialización de soja se encuentra muy retrasada: al 15 de julio se había vendido solo el 29,4% de la cosecha, frente a un promedio histórico del 41,2%, el segundo nivel más bajo desde 2010.

·         En contraste, el maíz y el trigo registraron ventas muy superiores a sus promedios históricos, lo que permitió a muchos productores cubrir sus necesidades financieras sin desprenderse de la soja.

·         La decisión de postergar las ventas responde principalmente a:

o    Menores necesidades de liquidez, gracias a las buenas ventas de maíz y trigo.

o    Expectativas de mejores precios hacia fin de año.

o    La expectativa de futuras reducciones en los derechos de exportación (retenciones), que incentiva a esperar antes de vender.

·         Si durante el segundo semestre la comercialización de soja converge hacia los niveles históricos, podrían venderse 6,6 millones de toneladas adicionales, generando:

o    Casi USD 3.000 millones adicionales de exportaciones.

o    Más de USD 2.200 millones de ingresos extra para los productores.

·         En total, las exportaciones de soja durante el segundo semestre podrían aportar entre USD 14.000 y USD 18.400 millones, fortaleciendo la oferta de divisas y colaborando con el objetivo del BCRA de acumular reservas internacionales.

Además del impacto cambiario, una mayor comercialización de soja impulsaría la actividad económica, al aumentar el movimiento en sectores como transporte, acopio, industria y servicios vinculados al agro, en un contexto donde la economía mostró una desaceleración durante abril y mayo.

En este contexto, el Gobierno apuesta a que el ingreso de dólares provenientes del agro, junto con el crecimiento de los sectores energético y minero, contribuya a generar un flujo de divisas más estable durante el año, reduciendo la estacionalidad tradicional del mercado cambiario.

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